Un día me decidí a traspasar aquella puerta que hasta ese instante me había dado un poco de miedo. Cuando lo hice, me llegó un olor especial y noté al instante una maravillosa sensación. No tardé en conocer extrañas y fantásticas criaturas, increíbles hombres y mujeres, niños y niñas valientes a veces y temerosos otras, pero en cada momento y sin excepción alguna, todas y todos querían robarme el corazón y atraparme en una mágica telaraña que iban tejiendo con suspense, pasión y misterio.
¿Cómo se llamaba ese lugar tan chulo, papá?
Su nombre era Biblioteca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.