—Pues me parece una buena idea, padre.
—¡Qué cosas tienes, hija!
A Pedro no le hacía ninguna gracia que Paquita tuviese este tipo de inclinaciones. En la familia siempre le habían inculcado simpatía por la innovación, por el progreso, pero de ahí a llevar a cabo esas prácticas hay un abismo se decía. Por eso cuando le dijo un día que quería ser domadora de machistas… se mostró inflexible, «Pues en nuestro circo ni lo pienses, no quiero más problemas», le soltó. Bastante tenía ya con hacer desaparecer los cadáveres de Paula, su otra hija, la lanzadora de cuchillos.
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