Se arrimaba a la ventana, apartaba un poco el visillo y contemplaba la calle desierta. Hacía ya días que no veía pasar a nadie. Si acaso algún coche de la policía o alguna ambulancia. Se le estaba acabando la comida, así que Ramiro sabía que pronto no le quedaría más remedio que salir. La tele solo daba concursos y películas, pero ninguna noticia; y la radio que tenía era de pilas y se le habían agotado. El miércoles pasado había visto salir a Eudaldo, su vecino, pero no lo vio regresar, y desde entonces su perro no paraba de ladrar.
viernes, 12 de febrero de 2021
SOLOS (CARLOS AZCÁRATE)
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