Un chino se come un murciélago y se desarrolla una pandemia vírica que arrastra a la muerte a dos, o tres, o cien millones de personas y confina entre cuatro paredes a miles de millones.
A lo mejor ni siquiera se comió el murciélago.
A mí me duele el dedo gordo del pie y lo pago con mi mujer que acaba de venir del súper y se le ha olvidado el Betadine.
Vasos comunicantes.
Y aún hay egoístas que creen que las fronteras, las puertas al campo o a los mares son la solución para sus vidas estériles y anodinas.
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