Comenzó la rueda de prensa y me bombardearon con preguntas. Querían saber si lloraba con más frecuencia, me había vuelto parlanchina, conducía peor, me gustaba ponerme escote o me costaba tener orgasmos. Muchos hombres estábamos mutando genéticamente en mujeres durante el sueño, sin explicación científica alguna, y ya se hablaba del fin de la especie humana. Ante tal panorama, resultaba deprimente que les interesara cuanto me apretaba el recién estrenado sujetador, o si yo, una cuarentón de barriga cervecera, había empezado una dieta.
-¿Será la humanidad menos violenta?-preguntó alguien.
Respiré aliviada.
Por fin una pregunta sensata.
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