Dicen que mi locura es peligrosa. Yo pregunto por qué, pero no entiendo las explicaciones, y vuelvo a preguntar, y sigo sin entender; entonces empiezan los gestos ostensibles, las manos a la cabeza, los gritos y los reproches. Así que dejo de preguntar y aprendo a esconder mi locura. Solo en privado le doy rienda suelta. En público actúo como los demás y me comporto como ellos, y si veo que están reprendiendo a alguien porque su locura es peligrosa, me uno al grupo, y entre gritos y reproches, hago gestos ostensibles y me llevo las manos a la cabeza.
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