No recordaba dónde lo había escondido y durante mucho tiempo dio por perdido el viejo plano escrito a lápiz en un papel cuadriculado y amarillento. Su nieto lo encontró por casualidad, sin dejar de apremiarle para que buscaran el tesoro. La cabeza del abuelo ya estaba a punto de perder la batalla contra el olvido, pero caminaron juntos observando cualquier detalle útil para orientarse en mitad del bosque.
Al llegar a un claro que no había pisado en décadas, volvieron a su memoria los disparos y los gritos, y el significado de la calavera en medio del mapa.
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