Me cuesta aceptar que todos se van.
Rocío dejó la residencia. Iván, aquel piso. Corralejo dejó de ser verano y el almacén dejó de parecer Navidad.
Todos continuaron su camino.
Yo me quedé en el mío, mirando hacia atrás, esperando que alguien me agarrara de la mano y me sacara de aquel lugar.
Hasta que entendí que no quería salir de allí.
Quería que todos volvieran.
Y quizá ese era el problema.
Mientras ellos seguían construyendo recuerdos nuevos, yo seguía habitando los nuestros.
Entonces, un día miré hacia delante.
Como ellos hicieron.
Y no había nadie.
Pero tampoco faltaba nadie.
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