VERDE Y ESPIGADO
Al entrar me crucé con la mirada asombrada del botones… Pocos tipos tan distinguidos como yo, con atuendo ceñido, verde amarillento, no del todo seco. Silbé mi melodía favorita y me abalancé sobre el ascensor rumbo a la azotea. Superé la trágica necesidad del estornudo, distraído por la luz de un día espléndido, ideal para inmortalizar mi destino. Dos opciones por mi mente. Descarte de la primera: no me iba a lanzar como un proyectil. Mejor la segunda: homenaje al bello arte del parapente. Sin duda, enseguida comprobaría que soy un moco con suerte.
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