LA VIEJA COSTUMBRE (Atlántida)
Observó al marido sentado en el sofá, los ojos fijos en la ventana. Sabía reconocer aquella mirada: no estaba allí, sino junto a otra mujer. Quizá con la pelirroja que conoció aquel verano en la costa, con la joven que lo esperaba a la salida del trabajo o con aquella desconocida que dejó en su camisa un rastro de pintalabios. O tal vez con aquella otra mujer que fue su amante durante años. Entonces él volvió la cabeza y la miró como si regresara de un largo viaje. Tenía noventa años, pero conservaba vigorosa y joven su costumbre de engañarla.
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