Minino es el primero en llegar cada mañana al centro de la plaza, distraído observa las persianas y se atusa los bigotes olisqueando las puertas antes que se aireen algunas sábanas.
Cuando una bocina rompe la quietud del aire, Minino desaparece, entonces las cerraduras crujen y salen por las puertas quienes aún recuerdan a los trigales y a las tahonas humeantes… en la plaza, el coche del panadero se detiene y reparte el pan como reclamo, compartiendo novedades.
Desde los tejados, todos los Mininos observan como se deshacen las charlas y cada cual desaparece por su calle.
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