La entrada es lo más importante. Tienes que sorprenderles. Entra gritando. O quédate quieto. Ponte a bailar. No empieces directamente, distráeles. Tienen que morder el anzuelo, o estarás perdido. Un teatrillo, un chiste, que no se acostumbren. Cuando piensen que saben lo que va a llegar, cambia de dirección. Vuelve a hacerlo, que fluyan con tus olas como una medusa. Suaves, flotando, ahí es donde los quieres. Y entonces, como un regate, rómpeles la cadera. Has de ser rapidísimo. Porque cuando se levanten, para cuando se den cuenta de lo que está sucediendo, habrán aprendido ecuaciones de segundo grado
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