Un emperador silente ha conquistado nuestro veterano nido, frío el lugar común relegado de su remota pasión durante este presente, yermo desde casi anteayer, y nos gobierna con mano férrea instalado su trono sobre el tálamo de una frustración adyacente; tantas leyes absolutistas han derogado la alegría de antaño con su calor aborrecido y hoy nos quedan las miradas mudas, el amansado comportamiento animal que ya no ventea igual la tierra prometida de vientres extrañados, los recuerdos que nos son imposibles de materializar, las comparaciones entre aquellas guerras sin cuartel frente a esta paz devastadora.
Es inútil rebelarse.
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