El informe era concluyente: toda persona modifica ligeramente la materia de quienes ha amado. Años después de una separación, los huesos conservan desviaciones microscópicas, la temperatura de la piel cambia unas milésimas y la luz tarda un poco más en atravesar el aire que los rodea. Los científicos lo llamaron histéresis afectiva.A nadie se le ocurrió discutir el nombre. Solo una anciana levantó la mano y preguntó cuánto tardaría en dejar de deformar el mundo el cuerpo de su hijo muerto. El director del proyecto cerró la carpeta. Era la única pregunta para la que no habían preparado contestación.
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