—Quien se tomó primero el café es la asesina. Es elemental y fácilmente deducible, una taza vacía mientras el resto aún humean. A nuestra malhechora le dio incluso tiempo de dar un bocadito a esa pastita de té. Posiblemente extranjera y adoptada, lo deduzco porque nadie cogería la pastita de coco habiendo otras disponibles, solo a los perturbados les gusta el coco.
Observé su diatriba impertérrita. Mi interlocutora sin duda había aprendido del mejor y tenía mala intención en sus alocuciones. Terminé mi pastita de coco y comenté:
—Mamá, tienes muy mal perder, esto no es el «Cluedo». Jaque mate.
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