Un tibio susurro que va “in crescendo” despierta la tierra. Un leve temblor agita las raíces para que despabilen. Los brotes asoman tímidos, buscando desesperadamente la luz y liberando colores que aún no existen del todo. El aire cambia: huele a dulce promesa, a agua fresca que regresa, a suave piel que se hidrata. Las flores abren sus pétalos de seda y muestran un complejo mundo de matices y espectros de color. Los pajaritos ensayan nuevas melodías, celebrando el milagro.
En ese instante, el sol roza la mañana con dedos dorados, y el mundo comprende que ha nacido la primavera.
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