Nada más aterrizar el avión nos sentamos en una cafetería del aeropuerto a merendar. Mi sobrino americano pidió una hamburguesa y yo un bocadillo de morcilla. Al rato me preguntó qué comía. Respondí que un plato típico de la tierra, hecho con sangre. Puso cara de asco y quiso saber si en España hacíamos más cosas con sangre. Así, de repente, solo me vino otra a la cabeza:
─La Historia, sobrino. La Historia.
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