Lucía bajó las escaleras crujientes hacia el sótano de su abuela fallecida. La penumbra olía a humedad y tiempo detenido. Entre telarañas y polvo, descubrió cajas repletas de objetos extraños: relojes sin manecillas, espejos que no reflejaban, llaves oxidadas sin cerradura aparente, fotografías de personas sin rostro.
En el rincón más oscuro, un baúl antiguo respiraba. Lucía lo abrió con manos temblorosas. Dentro, un diario con su nombre escrito en la portada. Lo abrió y leyó la primera línea:
"Querida Lucía, si lees ésto, ya sabes que nuestra familia guarda secretos que el mundo no debe conocer."
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