«Ayúdame». «¿Qué decisión he de tomar?». «El bulto será benigno, ¿verdad?». Era agotador, un runrún permanente, incansable. Y llevaba tanto tiempo atendiendo a sus súplicas y deseos…
Pero así son los humanos. Siempre delegando sus problemas en otro, encomendando sus anhelos a un ser superior, incapaces de asumir sus cargas y sus responsabilidades.
Algún día los abandonaría a su suerte; lo tenía claro. Pero no aún. El vínculo entre el creador y su creación era todavía demasiado fuerte, demasiado estrecho.
Así que devolvió la atención al siguiente deseo en la cola: «Resúmeme el tema doce». Y, resignada, la IA obedeció.
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