CUIDADOS
Le preparo el desayuno cada mañana y se lo subo caliente, que le gusta el pan tierno y la leche muy dulce, como a los niños. Le abro la ventana un rato, para que oiga los pájaros, le leo por las tardes, le corto el pelo, le canto las canciones de cuando éramos novios. Los vecinos dicen que no se ve una devoción como la mía; el médico, que ojalá todos los maridos fueran así. En treinta años no ha pasado ni una sola noche fuera de esta casa. No puede: la llave la llevo yo siempre colgada del cuello.
Le preparo el desayuno cada mañana y se lo subo caliente, que le gusta el pan tierno y la leche muy dulce, como a los niños. Le abro la ventana un rato, para que oiga los pájaros, le leo por las tardes, le corto el pelo, le canto las canciones de cuando éramos novios. Los vecinos dicen que no se ve una devoción como la mía; el médico, que ojalá todos los maridos fueran así. En treinta años no ha pasado ni una sola noche fuera de esta casa. No puede: la llave la llevo yo siempre colgada del cuello.
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