viernes, 22 de enero de 2016

Ilusión rayada (Ojos Saltones)

Colores alados. Planean sobre el blanco, chocan y se derraman.

No eran, ahora son. Madera teñida en una ilusión rayada. Se sale de los bordes, las figuras han quedado deformadas, pero es belleza, elegancia.

Sol desbordante, luna eclipsada, estrellas estrelladas. Vale todo y a la vez nada. Vida de vida; eternidad dibujada. Tres pequeños monigotes que hablan. ¿Cómo pueden, si no eran nada? Los colores alados les dieron las palabras.

Uno.

Dos.

Tres. ¡Grandioso número tres! El más pequeño y el más grande, sin ser nada es todo; el saber escondido en la ignorancia. No habla: llora y ríe, Dios entre pajas, verdad camuflada. Dios y hombre, hombre y Dios. Una contradicción viviente, incompresible como el agua, asombroso como las palabras, un símil que halaga. Un enigma, un misterio.

Misterio que vive, que ama.

Carlos dibujaba esa incomprensión, ese misterio, esa ilusión rayada.

Ilusión real.

Realidad eterna.

Eternidad viviente.

Aquel niño de seis años dibujaba el Todo en un papel: tres monigotes, un sol desbordante, una luna eclipsada y estrellas estrelladas.

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