martes, 11 de septiembre de 2018

Te fuiste (P. Ghariba)

Me levanté dispuesto a mirarme al espejo y me sorprendió un gran desconocido al otro lado. Había perdido la cuenta de los días que llevaba enclaustrado entre las cuatro paredes enmohecidas de mi apartamento y, aun así, las sábanas de mi cama seguían oliendo a ella. Si siguiera aquí me habría barrido a la ducha a empujones para acicalarme y salir a pasear como hacíamos cuándo éramos jóvenes. Ahora tenía que tragarme las lágrimas como puños y armar mi alma hecha añicos cada vez que mi nieto Arturo me preguntaba por la abuela María.

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