Herido, extenuado y postrado como una moribunda bestia de carga, el oscuro individuo yacía en el interior de una bañera agrietada, mientras miles de gotas se estrellaban sobre las llagas de su espalda temblorosa. La noche había sido intensa, salvaje, inolvidable. Posiblemente, mucho más de lo deseado. Sus vicios más peligrosos quedaron plasmados en las paredes de aquella habitación de hotel mugriento. Como recuerdo de aquella bacanal, el reluciente tatuaje de un corazón negro se exhibía de forma notoria sobre su agitado pecho. Solo podía pensar en una cosa… tenía que lavar su sotana antes de una hora.
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