Marga no estaba dispuesta a decir una palabra a esos hombres que entraron de madrugada preguntando por mí. Ellos se encargaron de revisar todas las habitaciones del hogar. Ante cada interrogante ella negaba haciendo un mínimo y casi imperceptible movimiento horizontal con su cabeza, que le hacía bailar su corta y canosa cabellera.
Desconocían aquellos hombres acerca de mi partida. Partida. Partir. Partido. En dos partes. Mi vida dividida entre el pasado y el exilio.
Si me cruzas por la calle encendiendo un cigarro y me miras a los ojos, podrás ver a mi madre, Marga.
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