lunes, 16 de marzo de 2020

Números (Atreires)

Cuando desperté, entendí cómo actuar. Tenía la cabeza sobre mi pecho; su pelo, de color dorado bajo los primeros rayos de sol que se filtraban por la ventana, todavía conservaba parte de su olor, de su esencia. Sería eternamente mía, nadie me la podía arrebatar. ¿Por qué lo haría?, para conservar su belleza. No tenía derecho a llevársela, me pertenecía. Yo la hice florecer y sólo yo puedo disfrutar de ella. La eternidad es nuestra, sólo nuestra.

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