En un abrir y cerrar de ojos ordenó los objetos que había sobre la mesa, suscitando gestos de aprobación entre los simios con batas blancas que la observaban con interés, tomando notas de todo lo que hacía. Sus movimientos se restringían al interior de una habitación cerrada con cuatro paredes de vidrio. Cansada, después de una larga jornada sometida a todo tipo de pruebas, Lucy se echó sobre el jergón de paja, en la esquina menos iluminada de la estancia, y cerró los ojos con la esperanza de despertar, de nuevo, al otro lado del cristal.
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