-¡¿Pero te has vuelto loco o que te pasa?!- grité a Fran sin dejar de acelerar a todo lo que daba el 124. Mientras, tres lecheras nos pisaban los talones.
El muy idiota le había pegado un tiro al director. -¡Un tiro… en que estabas pensando… quedamos en que nada de disparos!- Le grité de nuevo.
El asiento trasero estaba totalmente ensangrentado. Fran ya no me contestaba, su piel había palidecido y su cuerpo reaccionaba como un pelele a las embestidas del coche. Una cosa tenía clara, era la última vez que lo llamaba para atracar un banco.
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