Ceniza y memoria
Abrió el libro sabiendo que era el único ejemplar que quedaba en el mundo. Las páginas, amarillentas y frágiles como alas secas, desprendían un olor a tiempo olvidado. Con la yema de los dedos acarició la primera frase, sintiendo el relieve de la tinta. Fuera, las máquinas demolían los últimos vestigios del siglo veinte, pero dentro de aquella pequeña habitación el silencio era absoluto. Leyó la última palabra en voz alta, devolviéndole su significado al viento. Al cerrar las tapas, el libro se deshizo en ceniza entre sus manos, y el viento la mezcló con el polvo de las máquinas.
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