Mina salió del hormiguero dispuesta a cumplir sus tareas. Se despidió de las guardianas y les deseó suerte en la lucha contra las indeseables, famosas por vivir del saqueo. Aquella conducta era tan impropia de las hormigas que daba vergüenza llamarlas así.
Al menos contaban con Eclipse, la avispa. Ella las protegía y, a cambio, recibía alimento y cobijo.
Acongojada por un presentimiento, Mina decidió regresar antes a la colonia. Al llegar, todo estaba destruido. Furiosa, buscó el rastro de las indeseables, pero no encontró ninguno. Tampoco sintió a Eclipse acercarse ni cómo su aguijón se clavaba en su espalda.
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