Con gran esfuerzo consiguió abrir el portón que daba acceso al zaguán. Fosforescentes partículas se precipitaban entre los tenues hilos de luz que daban un aspecto dorado a la estancia. Al fondo, junto a la puerta de la cocina, estaba él.
Dos días después regresó a su ciudad. En el aeropuerto no habían puesto ningún inconveniente. Abrió la maleta de cuero negro y lo dejó sobre la mesa del salón. En ese momento llegó su hija pequeña que abrazándose a su pierna no paraba de mirarlo fijamente.
- “Papá ¿qué es?”
Sin responderle lo cogió y echó dentro de la chimenea.
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