LA TRENZA
La primera trenza quedó torcida. Paula se miró en el espejo.
No dijo que estaba mal. Pero tampoco sonrió.
Damián la vio desde la puerta.
Aquella noche buscó: «Cómo hacer una trenza».
Después llegaron muchas mañanas.
Dedos torpes.
Gomas rotas.
El pelo se escapaba entre los dedos.
Paula esperaba paciente, sentada en el taburete, custodiando el silencio de la casa vacía.
Él respiraba hondo. Peinaba con mimo cada mechón rebelde.
Deshacía la trenza despacio y volvía a empezar. Cada mañana un poco mejor.
Un día se miró al espejo.
Por primera vez sonrió.
Y dijo:
—Así me la hacía mamá.
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