En un mar de tinta, una ballena blanca huía de aquel temido bajel pirata. Un garfio golpeaba la cubierta, mientras un imberbe de verdes mayas desafiaba el paso del tiempo. El acero bailaba en manos de aquel mosquetero, Penélope destrozaba un telar. Brindaba por la cordura un sombrero con un descerebrado espantapájaros. Un hidalgo caballero enfrentaba molinos y un tal Jekyll maldecía su alter ego. El hijo de un carpintero mostraba la otra mejilla ante los agravios del presuntuoso señor Gray. Todo ello en aquella vieja biblioteca murciana, mientras aquella zagala, libro en mano, gritaba; “ya no estamos en Kansas”.
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